Me mandó un mensaje pidiéndome perdón por haberse quedado mi mechero sin querer y como yo estaba un poco borracha, le contesté que mejor se lo quedara porque era el mechero cretino, el que tarda cinco minutos en echar llama para después encima tener la indecencia de quemarte las pestañas. Que yo he fumado mucho para aclararme las ideas y ya soy presa fácil.
Después empezó a ponerse la piel de lobo feroz, y no sé por qué, pero delante de mi no se la quitaba, así que se me olvidó si debajo podía haber un corderito.
A veces intuía que si, y mi imaginación volvía a imaginar noches de conciertos o cervezas, o volver a casa con la risa floja, pero cada vez que bajaba la guardia, él empezaba a soplar y soplar y mi casita derribar. Incluso llegó a esperarme detrás de las esquinas cuando yo volvía sóla a casa para aullar de lejos, meterme miedo. "Tengo la boca grande para comerte mejor, que las niñas buenas sois más tiernas", decía.
Pero un buen día me cansé, colgué la capa de Caperucita en lo más profundo de mi armario ropero y la cambié por un mono de Cat Woman.
Empecé a salir por los bares con cara de : Ven lobito, cómeme.
Y su disfraz fue cada vez haciéndose más gordo, más grande y más propio, mientras el corderito temblaba escondido pensando: "Esta vez, Caperucita ya no va a volver".
Sodinevneib.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Publicado por HardCandy y Obstinación Rubia en 14:10 6 comentarios
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
